Le sigue tirando centros
A mis pensamientos,
Que muy sosos,
Saltando sobre mí pena
Se obstina en cabecear...
Atrapa al pez en esta noche
y sujétalo entre tus manos
como si de ello dependiera tu vida.
Sujétalo firmemente,
pero no lo mates.
Sujétalo y siente
como le cuesta respirar.
Siente como sus ojos se expanden
en una lenta agonía.
Escucha como grita en silencio.
Observa como da coletazos
para defender su insignificante vida.
Sujétalo firmemente y entiende,
de una vez por todas,
que eso que tienes en tus manos
se llama agonía.
¿Ves qué lejos estás?
Vamos,
ahora dejemos en paz al pez
y brindemos por ello.
La vida recién comienza.
Fracasar en el primer paso del día.
Al ponerse las medias.
Al cepillarse los dientes.
Orinar fracasando.
Fracasar al leer un libro.
Al recordar un sueño.
Al contar un chiste.
Escribir un poema y no enamorar a nadie.
Fracasar en inglés, en latín, en sánscrito.
Hacer el amor fracasando.
Fracasar al sonreír.
Al memorizar.
Al casarse.
Cumplir los años y que nadie se acuerde.
Fracasar.
Intentar fracasando.
Fracasar fracasando.
F es el dueño y el cocinero del restaurante. Para cocinar sintoniza una radio de música latina que no me hace ninguna gracia, no porque me disguste sino porque me recuerda aquellas noche de juerga eterna que disfrutaba en Lima. Martina siempre está apurándolo, gritando el nombre de los platos y buscándome con la mirada para encargarme alguna tarea más, casi siempre algo que ya cumplí y que me ordena que vuelva a hacer alegando que lo hice mal. Martina tiene cuarenta años y está embarazada por segunda vez. Quizás por eso F le aguanta todo en silencio. Según Ro, la camarera ecuatoriana, la pareja teme el riesgo de que su próximo hijo nazca con retardo mental u otra deficiencia. El día que conocí a su primera hija comprobé que era un temor real. La niña chupaba las servilletas de papel y la madre no sabía cómo frenar su manía.